A- MorfologÃa del suelo
En este apartado se deben analizar los
siguientes tópicos:
- Horizontes:
La diversidad morfológica de los
horizontes del suelo es de tal naturaleza que hay que recurrir a un sistema
estricto de denominación, ello evita las confusiones a la hora de transferir
información de unos autores a otros. El sencillo sistema de Dokutchaev ya no
es válido para una complejidad semejante.
Los horizontes del suelo se designan
por una letra mayúscula que indica el tipo genético. Se utilizan la H y la O
para los horizontes orgánicos. La A, E y B, para los horizontes minerales y C
y R para las capas constituidas por el material original más o menos
transformado.
Esa letra puede ir seguida de otra
minúscula para indicar alguna caracterÃstica importante pero no incluida en
la definición de la mayúscula correspondiente. Cuando un horizonte principal
muestre caracterÃsticas diferentes a lo largo de su espesor, que no afecten a
su denominación completa, incluyendo sufijos, puede dividirse en varios
subhorizontes a los que se aplicará la misma denominación seguida de un
número arábigo consecutivo y empezando con el "1" en el
subhorizonte más superficial.
Cuando aparezca en un perfil más de
un ciclo de formación, los horizontes correspondientes llevaran un prefijo
constituido por un número arábigo consecutivo, considerando el ciclo actual
como "1" y siguiendo en orden creciente de juventud. En el ciclo
actual no se utiliza el prefijo por lo que el primer número utilizado será
el "2". Estas diferencias de ciclo se conocen como discontinuidades
litológicas y si existiese una entre dos horizontes con la misma
denominación, se consideraran como uno solo a efectos de subdivisión (
...Bt1, Bt2, 2Bt3, 2C...).
Horizontes de transición.
Están situados entre dos de los
horizontes descritos, de forma que sus propiedades se mezclan y resulta
difÃcil inclinarse por uno de ellos. Se denominan por las letras de ambos
situando en primer lugar la correspondiente al horizonte al que mas se parece.
Los sufijos de los horizontes principales no se utilizan en la denominación
del horizonte de transición y solo se aplica algún sufijo para indicar
alguna caracterÃstica presente en el conjunto de dicho horizonte.
Horizontes mezclados.
Se utiliza este término para designar
a aquellos horizontes situados entre otros dos principales que están
interpenetrados de tal forma que resulta imposible la separación. El conjunto
del horizonte constituye una mezcla del que le precede y le sigue. Se designan
por las letras correspondientes a los horizontes principales, sin sufijos,
separadas por una barra (/) y situando en primer lugar la correspondiente al
horizonte mayoritario en la mezcla. No se emplean sufijos en el conjunto.
- Color:
El color es muy variable y también muy
importante. Hay que prestar mucha atención tanto a la matriz de los horizontes
como a la presencia de manchas.
La caracterÃstica principal de la
formación de la parte mineral del suelo es la generación de arcilla. Todos los
minerales esenciales que constituyen la fracción arcillosa son blanquecinos,
pero no es ése el color habitual de las arcillas extraidas del suelo, la razón
es la presencia de unas sustancias coloreadas y con un fuerte poder de tinción
que se conocen como agentes cromógenos.
El color no es un propiedad frÃvola,
como podrÃa parecer, sino que nos ofrece numerosas claves sobre la formación
del suelo y de su comportamiento. Por ello es necesario expresarlo con gran
precisión para que pueda ser interpretado por personas diferentes de las que
realizan su descripción.
3- Textura.
La textura es la forma en la que se
distribuyen por tamaños las partÃculas del suelo. Su determinación ha de
hacerse mediante el correspondiente análisis.
No obstante, en el campo puede
apreciarse de forma indirecta formando una pequeña bola entre los dedos, con
ayuda de una pequeña adición de agua si el suelo está demasiado seco. Del
comportamiento de esa bolita puede deducirse el contenido en las
diversasfracciones. Cuanto más moldeable es la bolita formada, mayor será el
contenido en arcilla. La untuosidad o pegajosidad de la misma es un Ãndice del
contenido en limo. La arena se detecta por el ruido que hace al amasarla entr
los dedos, cuanto mayor es el chirrido que se produce mayor será su contenido
en arena.
Con cierta experiencia pueden
distinguirse varios tipos texturales, pero lo más interesante es la
comparación del comportamiento de los diferentes horizontes, para lo cual no es
necesaria una gran experiencia sino una modesta capacidad de observación.
4- Porosidad.
La determinación de la porosidad suele
hacerse por métodos indirectos como la permeabilidad, la relación entre las
dos formas de determinar la densidad o la retención de agua. Pero todos ellos
nos pueden informar acerca del volumen total de poros, de la existencia de
macroporos continuos o del valor de la microporosidad. No nos ofrecen la forma
en que se distribuyen los poros, ni su forma, ni su orientación.
Una evaluación correcta y fiel de la
porosidad del suelo solo puede obtenerse mediante la observación de la
micromorfologÃa, acompañada de una correcta micromorfometrÃa.
No obstante, en el campo hay diversos
aspectos que deben describirse de la forma más precisa posible, uno de ellos es
la presencia de grietas de retracción de los agregados que son muy difÃciles
de observar por las técnicas descritas anteriormente.
Otro aspecto destacable es la
distribución relativa entre los diversos horizontes, que en muchos casos suele
ser suficiente para explicar el comportamiento del suelo.
5- Rasgos de origen biológico.
Se describe la eventual presencia de
algún animal o la evidencia de su presencia en algún momento, que se pone de
manifiesto por la observación de nidos, restos procedentes de la metamorfosis,
galerÃas u otro rasgo indicador.
6- Actividad humana.
En este sentido debe hacerse notar
cualquier modificación que se observe en el suelo por efecto de la actividad
humana, diferente del cultivo habitual del mismo.
En este sentido se debe indicar la
presencia de fragmentos de loza, escombros, indicios de basuras y cualquier tipo
de material ajeno al suelo y del que exista evidencia de la intervención humana
en su presencia.
7- Estructura.
Es el modo en el que se agrupan las
partÃculas elementales del suelo para generar formas de mayor tamaño,
conocidas como agregados o vulgarmente terrones.
En la estructura hemos de distinguir
tres aspectos diferentes, la morfologia de los agregados, su grado de desarrollo
y el tamaño.
Estructura particular.
Se presenta cuando sólo hay arena y la floculación es imposible y las
partÃculas quedan separadas. Es propia de los horizontes E. Realmente no se
trata de una estructura pues no responde a los criterios de definición de la
misma pero se le asigna el término para mantener una unidad en la definición y
describir este estado de "no agregación" del suelo.
Estructura masiva.
Ocurre cuando las partÃculas se adhieren tanto que aparece una masa sin grietas
y sin diferenciación de agregados. Es propia de materiales que no han sufrido
procesos edáficos pero que poseen coloides arcillosos derivados de su origen
como son los horizontes C.
Estructura fibrosa.
Es otra de las situaciones que no responde al criteiro de estructura como sucede
con las anteriores. Está constituida por fibras procedentes del material
orgánico poco descompuesto en el que los restos de tejidos son fácilmente
visibles; la única organización es el entrelazamiento de las fibras. Es propia
de los horizontes orgánicos H y O.
Estructura grumosa o migajosa.
Procedente de la floculación de los coloides minerales y orgánicos y mantiene
el aspecto de los grumos formados. Sus agregados son pequeños, muy porosos y
redondeados, lo que hace que no encajen unos con otros y dejen huecos muy
favorables para la penetración de las raÃces. Su pequeño tamaño hace que el
contacto entre suelo y semilla sea bueno y favorezca su germinación al
suministrrle el agua necesaria. Es propia de los horizontes A, ricos en materia
orgánica. Junto con la que sigue, representa al grupo de las estructuras que se
conocen como construidas.
Estructura granular.
Aparece cuando los agregados son poco o nada porosos por el predominio de la
arcilla sobre la materia orgánica en el proceso de floculación. Es propia de
horizontes A de suelos pobres en materia orgánica, como los de cultivo.
Existen otro tipo de estructuras que no
proceden de la floculación de los coloides sino de la adhesión de los mismos;
al desecarse el suelo, la masa formada se fragmenta y por ello se conocen como
estructuras de fragmentación.
Estructura subpoliédrica o subangular.
Constituye un enlace entre las estructuras construidas y las de fragmentación y
participa de ambos procesos; morfológicamente esta entre la que le precede y la
que sigue. Sus agregados tienen forma poliédrica equidimensional con las
aristas y los vérticesredondeados. Es propia de horizontes A muy pobres en
materia orgánica y de la parte superior de los horizontes B.
Estructura poliédrica o angular.
Es la representante genuina de las estructuras de fragmentación. Su forma
recuerda a la de un poliedro equidimensional con aristas y vértices afilados y
punzantes. Los agregados encajan perfectamente unos en otros y dejan un sistema
de grietas inclinadas. Es tÃpica de horizontes B con contenidos arcillosos
medios o con arcillas poco espansibles.
Estructura prismática.
Es similar a la anterior pero la dimensión vertical predomina sobre las
horizontales, adoptando una forma de prisma. Cuando es muy gruesa constituye una
transición a la estructura masiva. Es propia de los horizontes B muy arcillosos
que los hace compactos y se resquebrajan en grandes bloques.
Existe una variedad de estructura
prismática en la que la base superior del prisma esté inclinada en forma de
cuña. Está asociada a la presencia de arcillas expansibles que generan en el
suelo un sistema de grietas verticales cuando se seca, estas grietas se rellenan
parcialmente con material caido desde la superficie lo que provoca que al
humedecerse, y recuperar el volumen inicial, se produzca una elevación del
material forzada por la compresión lateral; este hecho obliga a tomar la forma
de cuña que facilita el ascenso. Esta estructura es propia de suelos muy ricos
en arcillas esmectÃticas.
Estructura columnar.
Es otra variedad de estructura prismática que se produce siempre que hay una
dispersión fuerte de la arcilla provocada por una alta concentración de sodio.
Las arcillas sódicas al secarse forman una masa muy compacta que se resquebraja
en grandes prismas muy duros e impenetrables por el agua; el agua cargada de
coloides fluye fundamentalmente por las grietas que quedan entre los agregados y
esto hace que las partÃculas en suspensión erosionen la parte alta de los
agregados y le den un aspecto de cúpula. En estas condiciones también se
dispersa la materia orgánica, por lo que esa suspensión impregna la superficie
de los agregados que quedan revestidas de oscuro y se les conoce como columnas
enlutadas. Es frecuente que las sales queden impregnando la parte superior y
cristalicen al secar, lo que provoca una cubierta blanca. Es propia de los
horizontes B de suelos salinos sódicos.
Estructura esquistosa o laminar.
Es una estructura semejante a las anteriores pero en la que la dimensión
vertical es mucho menor que las horizontales. Es propia de horizontes C
procedentes de materiales originales esquistosos que le ceden al suelo su
estructura. En otras ocasiones se debe a aportes continuados de material con
texturas diferentes, como sucede en los suelos aluviales.
Estructura escamosa.
Su forma es la de una lámina delgada y curvada con aspecto cóncavo. Ocurre en
zonas encharcadas y desecadas en las que, en el último perÃodo, se produce una
sedimentación de las partÃculas que habÃa en suspensión y una selección por
tamaños en la que quedan abajo las más gruesas. Al secarse, mientras las
partÃculas gruesas no cambian de volumen, la fracción fina y coloidal se
contrae. Este estrechamiento provoca tirantez y hace que la superficie su curve.
Siempre aparece en superficie y es una estructura pasajera porque en el momento
que llueve la estructura va a su forma primigenia.
8-
Consistencia.
Es la trabazón o coherencia entre las
partÃculas del suelo. VarÃa según el estado de humedad por lo que conviene
determinarla con el suelo seco, húmedo y mojado. Se considera que el suelo
está seco cuando cambia de color al añadirle una gota de agua, y si tal no
sucede decimos que está húmedo cuando no moja la mano al cogerlo, o mojado
cuando sà lo hace.
Si se toma un agregado seco ofrece una
cierta resistencia a partirse, al humedecerse se fractura mejor y cuando está
mojado puede resultar moldeable y más o menos pegajoso.
Consistencia en seco.
En su descripción se utilizan unos
términos prestablecidos a los que suele añadirse algún adverbio de cantidad
para indicar la intensidad del término utilizado.
- Suelto: Se utiliza en aquellos horizontes que carecen
de estructura o que aquella es particular. No existen agregados en el suelo
y las partÃculas del mismo no están unidas entre sÃ. Los horizontes que
la presentan están muy bien aireados y son muy penetrables, pero las
raÃces tienen poco contacto y la retención de agua es muy débil. Si
aparece en superficie, los suelos se labran muy bien pero son muy malos a la
hora de establecer construcciones sobre ellos, por la dificultad que
representan para la cimentación.
- Blando: Los agregados se rompen entre los dedos. Este
tipo de consistencia suele estar asociado a estructuras migajosas o
granulares. El suelo está bien aireado, es fácil de penetrar y ofrece buen
contacto a las raÃces. La retención de agua es, en general, buena y se
labra bien aunque es conveniente que presente un cierto nivel de humedad
para que no se destruyan los agregados.
- Duro: Los agregados son difÃciles de romper con la
mano, y en algunos casos es necesario recurrir al martillo. La aireación es
escasa y las raÃces penetran con mucha dificultad en los agregados y suelen
crecer a traves de las fisuras. Retiene gran cantidad de agua aunque el
drenaje puede resultar escaso. Hay que labrarlo con esmero por su
propensión a formar "suelas de labor".
Consistencia en húmedo.
Como en el caso anterior se utilizan una
serie de términos modificados, en su cso, por algún adverbio de cantidad.
- Suelto: Se corresponde con el término análogo en
seco y presenta un comportamiento semejante.
- Friable: Se desmenuza con cierta facilidad. En seco ,
suele ser "blando" o algo "duro y su comportamiento es el
equivalente a ellos.
- Firme: No se desmenuza con facilidad. En seco suele
ser duro o muy duro y con un comportamiento semejante. Usualmente existe una
correspondencia entre la consistencia en seco y en húmedo, si bien en esta
situación los agregados se desmenuzan con mayor facilidad. Cuando la
tenacidad se mantiene parecida en ambas situaciones, es debido a la
presencia de agentes cementantes de tipo quÃmico, como pueden ser los
carbonatos, óxidos de hierro u otros semejantes. Cuando se humedece se
mantiene la coherencia y lo mismo de duro es en seco que en húmedo. Cuando
la dureza es atribuible a la arcilla se fractura con más facilidad en
húmedo y la consistencia se atenúa. Los distintos estados de consistencia
en seco y húmedo nacen de la naturaleza del agente cementante.
Consistencia en mojado.
En esta situación se observan dos
aspectos diferentes como son la plasticidad y la adherencia y, solo en
ocasiones, la tixotropÃa. Se utiliza el término correspondiente acompañado,
en su caso, de un adverbio de cantidad o se indica la ausencia de la condición.
- Adherente: Se utiliza para indicar que la tierra se
pega a las manos. Suele ir asociada a suelos duros en seco y poco friables o
firmes en húmedo. Cuando el suelo es muy adherente es debido a la presencia
de partÃculas finas no coloidales que no se unen unas a otras para
constituir agregados. La presencia de este limo hace que, al no estar
adherido, el suelo húmedo se vuelva resbaladizo y se enfangue. Esto tiene
una mala consecuencia para el mantenimiento del suelo puesto que la erosión
es muy alta.
- Plástico: Tiene la capacidad de poder ser moldeado.
La plasticidad se mide formando un cordón y estableciendo lo largo y fino
que se hace antes de que se rompa. Está en función del contenido de
arcilla y del tipo de ella. No va necesariamente unida a la adherencia. Son
muy difÃciles de trabajar porque se forman grandes bloques que impiden un
buen contacto de la semilla con el suelo y no hay suministro de agua. Son
muy difÃciles de trabajar porque si están demasiado húmedos pueden formar
grandes terrones o suelas de labor.
- Tixótropo: El suelo sufre una modificación de su
estado con la presión. La tixotropÃa está asociada a la presencia de
alofana, que es tÃpica de suelos desarrollados sobre cenizas volcánicas.
La fácil alteración origina iones que se organizan en pseudoestructuras
conocidas como alofanas, muy parecidas a la caolinita y que dejan gran
cantidad de huecos que se llenan de agua actuando como una esponja. La
alofana aporta grandes ventajas al suelo porque retiene muchos iones y agua.
- Rasgos edáficos.
Son detalles que se destacan en un
horizonte , como unidades discretas incluidas en la masa del suelo,
identificables por una concentración en un determinado componente o por una
estructura diferente. Se originan en los procesos edafogenéticos por lo que
gozan de una gran importancia.
Hay dos tipos principales:
- Revestimientos o cútanes.: Son acumulaciones de
material que tapizan los agregados o los poros del suelo. Este tapizado
atenúa la rugosidad y cuando es grueso puede dar lugar a una superficie
brillante.
- Nódulos: Son cuerpos tridimensionales de sustancias
extrañas a la matriz del suelo y que están incrustados en ella. Provienen
de una acumulación de material que ha venido en un vehÃculo acuoso y que
al cambiar las condiciones detiene su movimiento por floculación,
precipitación o insolubilización, con o sin cristalización posterior.
Estos fenómenos pueden suceder por variaciones en el pH, el potencial
redox, la concentración en alguna sustancia o por sobresaturación de la
solución provocada por la evaporación del agua.
10- Cementación.
Es la cualidad que presenta un horizonte
cuando en su seno se produce la recristalización de sustancias solubles que
engloban a sus partÃculas, ello produce una tenacidad inusual que impide la
penetración de las raÃces de las plantas y la circulación del agua, salvo que
la capa cementada se encuentre fracturada.
11- Pedregosidad.
El interés de la descripción de la
pedregosidad estriba en que las piedras presentes en un horizonte constituyen un
elemento inerte del mismo por lo que actúan como diluyente de sus propiedades.
Cuando efectuamos la determinación de algún parámetro quÃmico, lo hacemos en
la tierra fina, fracción menor de 2 mm, por ello si la pedregosidad es grande
el valor real del parámetro medido es menor que el expresado, dado que la
tierra fina solo es una parte del horizonte que, cuando la pedregosidad es alta,
puede ser mÃnima.
De la pedregosidad nos interesan algunas
caracterÃsticas como:
12- Contenido en sales.
En este apartado lo más significativo
es la presencia de carbonatos, para determinarla se utiliza HCl (1:1) y se
observa si produce efervescencia y cuál es su intensidad. Se utilizan diversas
clases:
1. No calcáreo: No hace efervescencia
con ClH 1:1.
2. Ligeramente calcáreo: Débil
efervescencia, apenas visible y solo perceptible por el oÃdo. Efervescencia
producida por la adición de ClH diluido a un fragmento recubierto por carbonato
cálcico. Recristalización de carbonato cálcico en las grietas existentes en
la fractura de la roca y entre los agregados del suelo.
3. Calcáreo: Efervescencia visible.
4. Fuertemente calcáreo: Efervescencia
fuerte y granos de carbonatos visibles. Para las sales más solubles, se
advierte su presencia en forma de eflorescencias o es necesario recurrir a la
determinación de la conductividad eléctrica.
13- Presencia de raÃces.
De las raÃces interesa el tamaño y la
abundancia. Lo más importante es la distribución relativa del número de
raÃces que hay en cada horizonte y hasta dónde llegan, es decir, la
profundidad de enraizamiento que nos permite estimar la profundidad útil del
suelo, muy valiosa para decidir el tipo de utilización y la capacidad de
almacenamiento de nutrientes y agua.
B- Composición
- Fase sólida.
La fase sólida es la responsable del
comportamiento del suelo al ser la única permanente y dentro de ella se
distinguen dos tipos de componentes o fracciones: la fracción mineral derivada
del material original y la fracción orgánica procedente de los restos de los
seres vivos que se depositan en la superficie del suelo y de los que habitan en
su interior.
Dentro de la fase sólida mineral se han
de considerar las sustancias de carácter salino, más o menos solubles y que
por tanto presentan una menor estabilidad que los silicatos, que son los
constituyentes primordiales. Esta menor estabilidad y su fácil intercambio con
la fase lÃquida, que les permite, en ciertas ocasiones, incluso abandonar el
suelo, nos mueve a considerarlos en un tercer grupo, separado del resto de los
componentes minerales.
Los componentes de la fase sólida se
dividen en:
Componentes minerales
La fracción mineral del suelo deriva
directamente del material original del mismo y está constituida por fragmentos
de aquel unidos a sus productos de transformación, generados en el propio
suelo.
Al distribuir las partÃculas minerales
del suelo por tamaños establecemos lo que se conoce como fracciones
granulométricas. Los fragmentos más gruesos se les conoce genéricamente como
grava.
Las partÃculas edáficas son una serie
de fracciones definidas según su diámetro y que corresponden a tres tipos
principales: arena, limo y arcilla. Dentro de la arena se definen diversos tipos
según la clasificación seguida pero que podemos sintetizar como arena gruesa
(constituida por fragmentos de la roca madre y, como ella, es polimineral) y
fina (constituida por fragmentos de roca pero, generalmente, de carácter
monomineral y con un nivel de alteración variable). El criterio que se ha
seguido es el tipo de material que predomina en ellas.
El limo está constituido por materiales
heredados o transformados pero no tienen carácter coloidal. Es una fracción
donde las transformaciones son mayores y su composición mineralógica se parece
a la de las arcillas. Son partÃculas monominerales en las que hay un alto
contenido en filosilicatos de transformación o neoformación.
La arcilla está formada por partÃculas
de carácter coloidal y monomineral que se han formado en el suelo o han sufrido
transformaciones en él, aunque en algunos casos pueden ser heredados del
material original mediante una microdivisión del mismo.
Componentes orgánicos
La materia orgánica del suelo procede
de los restos de organismos caÃdos sobre su superficie, principalmente hojas y
residuos de plantas. Este material recién incorporado es el que se conoce como
"materia orgánica fresca" y su cantidad varÃa con el uso o
vegetación que cubra al suelo.
La materia viva en el momento en que
deja de serlo, comienza un proceso de descomposición provocado por los propios
sistemas enzimáticos del organismo muerto. Además sirve de alimento a
numerosos individuos animales que habitan en la interfase entre el suelo y los
detritus que lo cubren. En esta fauna predominan artrópodos de diversas clases
y gran número de larvas, sobre todo de insectos.
El papel de esta fauna es doble, por una
parte digieren los restos y los transforman dejando en su lugar sus excretas, en
las que aparecen sustancias más sencillas mezcladas con microorganismos de su
intestino y del propio suelo, que fueron ingeridos con los restos; de otra parte
realizan una función de trituración que provoca un incremento notable de la
superficie de los restos y que ayuda al ataque de los microorganismos de vida
libre que habitan en la hojarasca o en las capas altas del suelo. Estos primeros
fragmentos presentan una estructura vegetal reconocible hasta que se inicia el
ataque de los hongos, que son los primeros microorganismos que se implantan
sobre los restos vegetales.
Los hongos son capaces de atacar y
romper las moléculas de lignina que forman las paredes de los vasos y las de
celulosa que forman parte de las membranas celulares, por el contrario necesitan
tomar el nitrógeno en forma mineral, por lo que han de hacerlo de la solución
del suelo. Una vez rotas las paredes de los vasos y de las células, queda
abierta la puerta a la acción bacteriana, cuyos individuos se nutren de las
proteÃnas y de los azucares principalmente.
Las bacterias liberan nitrógeno en
forma amoniacal y, posteriormente, nÃtrica que permite la nutrición fúngica y
el crecimiento de su población, iniciándose asà una estrecha colaboración
entre ambos tipos de organismos que termina favoreciendo a las plantas que
habitan el suelo, al desaparecer la competencia por el nitrógeno que hasta ese
momento sufrÃan por parte de los hongos. Dependiendo de la cantidad de
nitrógeno presente en la materia orgánica fresca que llega al suelo asà será
el posible enriquecimiento de éste en el elemento citado y la velocidad del
proceso de transformación de los restos vegetales, por ello la relación C/N de
los restos vegetales es un factor decisivo en todo el proceso de transformación
de la materia orgánica y que en su conjunto se conoce como "proceso de
humificación".
A medida que avanza el proceso de
humificación se va reduciendo el valor de la relación C/N del material
resultante, dado que el carbono se consume en los procesos energéticos de los
microorganismos y termina como dióxido de carbono, mientras que el nitrógeno
se invierte en la producción de proteÃnas que llegan nuevamente al suelo al
morir los microorganismos presentes en él. Al final de esta primera etapa de
descomposición, los restos vegetales van perdiendo su estructura inicial hasta
acabar resultando irreconocible.
En el caso de las lombrices se produce
una modificación de la composición del suelo que ingieren con respecto al que
excretan, modificando algunos parámetros que favorecen la acción microbiana y
como consecuencia de ello una aceleración del proceso de humificación.
Ahora bien la materia orgánica no se
acumula indefinidamente en el suelo sino que los procesos oxidativos, que dan
lugar a las sustancias húmicas, continúan, asà como la acción microbiana,
que puede utilizar las sustancias húmicas formadas como sustrato nutritivo y
provocar su descomposición y "mineralización", con lo que se
cerrarÃa el ciclo biogeoquÃmico de los elementos.
- Fase liquida.
La fase lÃquida se conoce como
"agua del suelo" y si, en principio, es asà por su procedencia de las
lluvias o de mantos freáticos elevados, una vez en contacto con la fase sólida
se incorporan a ella sustancias en solución y en suspensión procedentes de
aquella. Es en la fase lÃquida en la que se desarrollan los procesos de
formación y evolución del suelo, siendo de especial importancia los relativos
a la interfase sólido-lÃquido. También actúa como vehÃculo de transporte de
sustancias ya sea dentro del suelo como desde él al exterior.
También el suelo se comporta como una
esponja capaz de retener una importante cantidad de agua con una fuerza de
succión tal que teóricamente permanecerÃa en él de forma indefinida. Gracias
a este hecho podemos afirmar que es posible la vida sobre la tierra tal como la
concebimos y la conocemos. La capacidad de retener agua del suelo deberÃa
considerarse como una propiedad del mismo, si bien el objeto de esa retención
es uno de los componentes del suelo.
El agua que llega al suelo y se infiltra
en él, cuando la lluvia es copiosa, termina por llenar todos sus poros y
desalojar a la totalidad del aire. Cuando esto sucede se dice que el suelo se
encuentra a su "capacidad máxima". Esta situación constituye un
estado pasajero pues los poros gruesos permiten una rápida circulación
descendente y favorecen que el agua se incorpore a las capas freáticas. A
medida que se van vaciando los poros más gruesos la velocidad de circulación
del agua disminuye, al principio la disminución de velocidad es muy importante
y llega un momento en que casi se estabiliza hasta anularse completamente, pero
en ese punto todavÃa queda agua en el suelo.
En el suelo, las partÃculas coloidales
presentan una carga superficial, generalmente negativa, muy débil pero lo
suficiente para hacer que las dipolares moléculas de agua se sitúen a su
alrededor y se orienten con la carga positiva mirando hacia la partÃcula
sólida. Esto crea una esfera de mayor radio que la anterior pero que se
mantiene cargada de la misma forma, solo que con un potencial menor debido al
aumento de superficie; esta nueva esfera atrae a nuevas moléculas de agua hasta
ir formando esferas cada vez mayores y con una carga superficial menor.
Como es lógico, la primera capa de
moléculas de agua está atraÃda con mayor fuerza que la segunda y asÃ
sucesivamente, hasta que la fuerza se hace prácticamente nula.
A la fuerza de unión entre la fase
sólida del suelo y la lÃquida se le conoce como "potencial
matricial". Existe una cierta proporcionalidad entre éste y el contenido
de humedad.
Cuando el suelo se encuentra a su
capacidad máxima, la mayor parte del agua se encuentra muy retirada de la fase
sólida y por tanto su potencial matricial es nulo. A medida que va
desapareciendo el agua de los poros más gruesos y solo va quedando en los de
menor tamaño, el potencial matricial va creciendo pues la distancia máxima de
las moléculas de agua que llenan un poro es la del radio de ese poro, de modo
que a menor tamaño de poro mayor es la fuerza con que el agua está retenida.
Cuando el potencial matricial es igual a la presión atmosférica, las fuerzas
de empuje y de sujección de las moléculas de agua se anulan por tener el mismo
valor y signo opuesto, de modo que ese agua permanecerÃa retenida de modo
indefinido. En este punto se dice que el suelo se encuentra a su "capacidad
de retención"
El agua que se escurre luego de la etapa
de rápido escurrimiento, ahora de circulación lenta, es utilizable por las
plantas pues existe suficiente aireación para que puedan respirar y obtener la
energÃa suficiente para la succión, y la fuerza con que el agua está retenida
es pequeña lo que facilita la labor de las raÃces. En el cambio de velocidad
se estima se encuentran llenos los poros cuyo diámetro es inferior a 8 mm, que
es lo que se considera como "microporosidad". En esta situación se
dice que el suelo se encuentra a su "capacidad de campo".
Llegado el suelo a su capacidad de
retención, solo la evaporación del agua o la succión de ella por las raÃces
de las plantas puede conseguir eliminarla, pero esto nunca sucede por completo
mas que en los primeros centÃmetros del suelo que es donde se produce un fácil
intercambio con la atmósfera libre. A este punto va llegando el agua más
profunda mediante ascenso capilar por las diferencias de potencial matricial que
se van creando, pero la velocidad de suministro se va haciendo cada vez más
pequeña a medida que se van reduciendo las diferencias. Esto hace que el lazo
capilar se rompa en un determinado momento y cese el aporte de agua a la
superficie, esta sitación se conoce como "punto de ruptura del lazo
capilar" .
El agua que puede retener el suelo a su
capacidad de campo menos la que mantiene en el punto de marchitamiento, es la
que se conoce como "agua útil" y es la aprovechable por las plantas.
El contenido total de ésta que se estima que puede llegar a esa zona por
ascenso capilar, constituye la "reserva de agua" del suelo. Cuanto
más alta sea esta mayor será la posibilidad de resistencia de las plantas a un
periodo seco.
Existe otro factor asociado al potencial
matricial en la capacidad de suministro de agua a las plantas, es la presión
osmótica de la solución del suelo. Existen también otros factores
modificadores asociados a la geometrÃa de los poros del suelo.
Todo este proceso de retención de agua
por parte del suelo está asociado a la presencia de coloides, sobre todo los
minerales o arcilla.
- Fase gaseosa.
La fase gaseosa o "atmósfera del
suelo" está constituida por un gas de composición parecida al aire
cualitativamente pero con proporciones diferentes de sus componentes. Ella
permite la respiración de los organismos del suelo y de las raÃces de las
plantas que cubren su superficie. También ejerce un papel de primer orden en
los procesos de oxido-reducción que tienen lugar en el suelo.
El intercambio gaseoso entre el suelo y
la atmósfera se produce por difusión entre ambos. No obstante existen procesos
que favorecen este intercambio y que se conocen como respiración del suelo.
Ésta se realiza primordialmente por los cambios de volumen que experimenta la
fase sólida del suelo en las alternancias térmicas producidas entre el dÃa y
la noche; también se ve favorecida por los periodos de lluvia que desalojan la
práctica totalidad del aire existente, que es absorbido de la atmósfera a
medida que el agua va abandonando el suelo a través de la macroporosidad del
mismo que es el dominio de los gases.
La importancia de la respiración de los
organismos en la composición de la atmósfera del suelo, se pone de manifiesto
por las diferencias estacionales que se observan en el contenido de dióxido de
carbono, cuyos máximos corresponde a los periodos de máxima actividad. Estas
diferencias se acrecientan en los suelos cultivados pues el efecto de la
respiración radicular es el más intenso. Para un mismo año y terreno, los
contenidos en dióxido de carbono llegan a cuadruplicarse en las áreas en que
el suelo está cultivado respecto al que está en barbecho.
La importancia de la transformación de
la materia orgánica en el contenido en dióxido de carbono del aire del suelo,
se pone de manifiesto cuando comparamos las composiciones de suelos sometidos a
una aplicación de enmiendas orgánicas con los no sometidos a las mismas.
Propiedades fÃsico quÃmicas.
Son las que afectan a los fenómenos de
superficie, especialmente a la interfase sólido-lÃquido. Muy relacionada con
la presencia y distribución de los diferentes iones está la reacción del
suelo. Es uno de los factores esenciales en la distribución de las diferentes
especies vegetales sobre el planeta, pues cada una tiene unas preferencias
determinadas en cuanto al valor del pH del suelo sobre el que habitan, asà como
unos hábitos nutritivos especÃficos cuya satisfacción por el suelo está muy
condicionada por el pH. Recordemos los conceptos de acidófila, basófila,
calcÃcola o calcÃfuga que se aplican a determinadas plantas y que marcan las
preferencias por unos hábitats determinados.
14-Los organismos del suelo
Los incontables miles de millones de
microbios y otros organismos que habitan el suelo, no son propiamente
constituyentes de éste pero forman parte integral e indispensable de todos los
suelos fértiles. Las plantas superiores son incapaces de utilizar los elementos
en su forma orgánica compleja ni como minerales brutos. Los primeros tienen que
ser desdoblados hasta materiales inorgánicos o minerales y los segundos tienen
que ser solubilizados. Asà los habitantes del suelo constituyen el eslabón
necesario en muchos de estaos procesos y la ayuda es de valor incalculable.
Funciones Generales
Los procesos que intervienen en la
descomposición de la materia orgánica, durante los cuales se forman nuevos
compuestos, se los conoce como putrefacción, fermentación y descomposición.
Estos mecanismos son de importancia singular, porque sin la presencia de los
microbios y sus funciones, la materia orgánica se acumularÃa hasta un punto en
el que todo el nitrógeno, fósforo, potasio, azufre y carbono combinados,
estarÃan en forma inaprovechable, ya sea en combinación orgánica o como rocas
o gases. Si los microorganismos del suelo, al atacar la materia orgánica, no
librasen continuamente estos elementos tan importantes, poniéndolos en
circulación de modo que puedan ser utilizados una y otra vez, pronto cesarÃan
la vida animal y vegetal a causa del agotamiento de los elementos fácilmente
aprovechables.
Una enorme variedad, verdadera legión
de tipos microbianos habitan el suelo. Difieren, no precisamente en su
apariencia, sino mas bien en sus hábitos vitales y en los procesos en los que
toman parte. Estas formas de vida son tan pequeñas que no se observan a simple
vista.
Desde un punto de vista energético,
todos los organismos se enlazan en complejas redes tróficas cuyo depósito
inicial de mayor energÃa es la materia orgánica que proviene del subsistema
aéreo y que forma el "mantillo" y la de las raÃces y sus exudados,
incorporados directamente; hojas, troncos, frutos, ramas, raÃces, cadáveres
etc, son los principales sustratos para la descomposición. Este depósito es
utilizado por los descomponedores en general: bacterias y hongos que mineralizan
y producen el cambio necesario de materia orgánica a inorgánica: de
"resto inútil" a "nutriente vegetal"; el resto de los
organismos se divide entre una gran diversidad de saprófagos que fragmentan,
mezclan y cambian la naturaleza fÃsica de la materia orgánica, favoreciendo su
mineralización y un gran conjunto de depredadores que regulan los tamaños
poblacionales de sus presas, influyendo en la velocidad de traspaso de energÃa
a través de esta gran red. Como caracterÃstica especial de esta trama
trófica, la materia resintetizada a partir de restos orgánicos, vuelve tarde o
temprano a engrosar el depósito inicial a causa de la muerte.
Organismos que viven dentro del suelo
Megabiotas
comprende vertebrados, como serpientes, zorras, ratones, topos y conejos que
sobre todo escarban el suelo para alimentarse o refugiarse.

Macrobiotas (diámetro > 2 milÃmetros) comprende invertebrados (por
ejemplo: hormigas, termitas, ciempiés, lombrices, caracoles y arañas). Las
raÃces de las plantas son a menudo incluidas en estas biotas.


Mesobiotas
(diámetro 0.1-2 milÃmetros), suelen vivir en los poros del suelo. Este grupo
se compone de microartrópodos, como los ácaros, pseudoescorpiones y
colémbolos.

Microbiotas
(diámetro
< 0.1 milÃmetros), son muy abundantes, están en todos lados y son muy
diversos. Entre la microflora están las algas, bacterias, hongos y levaduras
que pueden descomponer casi cualquier sustancia natural. La microfauna comprende
nemátodos, protozoarios, turbelarios, tardÃgrados y rotÃferos.
Hongos. bacterias y nemátodos.
Los microorganismos también son importantes para la productividad vegetal, son
las biotas más abundantes de los suelos y a ellos incumbe la regulación de los
ciclos de la materia orgánica y los nutrientes, la fertilidad y
restablecimiento de los suelos, y las buenas condiciones para el crecimiento de
las plantas. Más de 90% de las plantas del mundo desarrollan una asociación
simbiótica con uno de los 5 tipos de micorrizas, un hongo que actúa como
extensión natural del sistema radicular de la planta. Esta asociación aumenta
la capacidad de las plantas de absorver los nutrimentos, las protege contra los
patógenos, y aumenta su tolerancia contra los agentes contaminantes y las
condiciones adversas del suelo, tales como el estrés hÃdrico, el bajo pH y la
alta temperatura del suelo.
La función de los seis géneros de la
familia de bacterias Rhizobiaceae en la producción de leguminosas esta
bien documentada. También se utilizan mucho en las regiones tropicales, sobre
todo en Brasil y México, la asociacion de bacterias diazotróficas y
endofiticas que no sólo fijan el nitrógeno de la atmósfera sino que modifican
la forma e incrementan el número de pelos radiculares, ayudando asà a las
plantas a absorber más elementos nutritivos. La aplicación de estos organismos
en inoculantes (sobre todo en el maÃz, arroz, trigo y caña de azúcar) ha
incrementado la producción agrÃcola "desde niveles insignificantes hasta
casi el 100 por ciento".
Se han utilizado muchas especies y
géneros de bacterias para favorecer el crecimiento de las plantas. Las que han
dado mejores resultados son Agrobacterium radiobacter, utilizada para
controlar el cáncer bacteriano en numerosas familias vegetales; Bacilus
subtilus, que elimina la podredumbre de las raÃces de los cereales, y
diversos bacilos inoculadores que se usan en China en los cultivos de
hortalizas.
La microfauna de los suelos además
desempeña una importante función en la protección fitosanitaria. Los
nemátodos se utilizan con buenos resultados contra una amplia variedad de
plagas de insectos, entre ellos los gusanos blancos, otiorrincos, moscas de la
fruta y sÃrices de la madera. La experimentación en invernaderos ha demostrado
que los nemátodos además son eficaces para combatir diversos hongos patógenos
a las raÃces.
Con todo, el informe señala que la
función de los microorganismos de los suelos en la agricultura sigue sin
valorarse adecuadamente: " El uso excesivo y el mal uso de insumos
externos, como fertilizantes inorgánicos y plaguicidas - conjuntamente con
cultivos especializados o monocultivos - puede propiciar un considerable
incremento en la producción general de alimentos, pero también agotan la
fertilidad y los componentes biológicos del suelo y degradan los elementos
fÃsicos de la tierra. Hace falta un planteamiento integral que tome en cuenta
las repercusiones potenciales de la agricultura en la biodiversidad de los
suelos, que mantenga la fertilidad de los suelos, la productividad y la
protección de los cultivos, aprovechando al máximo las sinergias ecológicas
entre los diversos elementos biológicos del ecosistema y mejorando la
eficiencia biológica de los procesos que se dan en los suelos. Esto serÃa
útil para la agricultura comercial moderna, y sobre todo en las tierras
marginales en vÃa de degradación, en las tierras ya degradadas que necesitan
saneamiento y en las regiones donde no es viable una agricultura que requiera
abundantes insumos externos".